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Raíces amargas. José Vicente Ortuño

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11,99 €
Descripción

Raíces amargas. José Vicente Ortuño

Memorias de mi odio I. Raíces amargas.

Editorial: Pomaire 1987

Cartoné con sobrecubierta ilustrada. 22x15 centímetros. 383 páginas. Estado de conservación: libro con señales normales de buen uso.

Raíces Amargas, un libro escrito con pasión y atropello, tiene la virtud de presentarnos a Francisco Pérez como un personaje casi de novela de espionaje. Luego su alumno y amigo Antonio Martínez Sarrión lo fijó para siempre en los dos lugares que ya no se comprenden sin su presencia, el instituto Bachiller Sabuco y la tertulia literaria del café Milán. En Una juventud dice Sarrión que, últimamente, cada vez que le presentaba a alguien, Francisco Pérez advertía al nuevo conocido con desconcertante seriedad: «Le tengo que confesar antes que nada, y sin tapujos ni rodeos, que está usted departiendo con el último estalinista».

Estos tres libros, Raíces amargas y las dos primeras memorias de Sarrión, completan el retrato de Francisco Pérez y contribuyen a su leyenda. Pero la leyenda es más que eso. A veces un apodo oportuno es como una imagen de marca. Quien se lo puso, quien le llamó Menos Uno por primera vez, le dio el empujón definitivo hacia la inmortalidad. Con su aguda inteligencia, Francisco Pérez lo supo ver así, y solía bromear con el apodo como bromeó con José Vicente Ortuño en el trance del control policial. Además supo que su lugar estaba en la retaguardia, y nunca aceptó figurar en partidos políticos ni descollar en actos públicos, lo que le hubiera resultado muy fácil con su deslumbrante lucidez. Ciñó su actuación al instituto, como catedrático y secretario casi perpetuo, y a la tertulia, donde guiaba las lecturas de sus amigos.

«Gracias, don Francisco. Gracias otra vez». Las palabras están dirigidas a Francisco Pérez. El que las pronuncia es José Vicente Ortuño en su libro de memorias Raíces Amargas, publicado en España dos años después de la muerte de Franco. Ortuño cuenta cómo Francisco Pérez le ayudó a sortear un control policial en Madrid, haciéndolo pasar por alumno suyo de matemáticas. Había sido alumno en efecto, pero años antes, hasta que fue expulsado del instituto por una pelea contra simpatizantes de la Falange. Ahora era un prófugo del Franquismo, iba armado, y ambos se jugaron el pellejo en ese control policial. «Puede llamarme Menos Uno, como antes», fue la respuesta de Francisco Pérez cuando se despidieron.

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