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Los hermanos de la costa. Juan Bolea

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Descripción

Los hermanos de la costa. Juan Bolea

Editorial: Ediciones B 1ª edición 2005.

Rústica editorial ilustrada. 23x17 centímetros. 413 páginas. Estado de conservación: marca por doblez en la esquina superior de la portada, libro con señales normales de uso.

La subinspectora Martina de Santo debe descubrir al autor de unos terribles asesinatos cometidos en la remota costa de Portosanto, un pueblecito del norte, reducto en el pasado de los últimos cazadores de ballenas. En el transcurso de su búsqueda, Martina de Santo conocerá a los «Hermanos de la Costa», una misteriosa asociación en la que se fusionan creación artística y ritos macabros. Los crímenes, que vienen cometiéndose desde tiempo atrás, tienen su origen en acontecimientos del pasado que la subinspectora va desvelando poco a poco, enfrentándose, al mismo tiempo, a delitos actuales relacionados con el narcotráfico. Juan Bolea combina lo ancestral y lo presente de manera inteligente y sutil para crear una trama apasionante que interesa desde la primera hasta la última página.

La protagonista de Los hermanos de la costa, Martina de Santo, es una mujer atípica, sin ninguna de las connotaciones que suelen caracterizar a una detective femenina. La invención de este personaje es otro de los grandes aciertos de Juan Bolea quien, por otra parte, demuestra un excepcional talento en la descripción psicológica de sus criaturas. Los policías Ortega, Satrústegui y Horacio Muñoz, el pintor Daniel Fosco, Elifaz Sumí, el juez Cambruno, la pequeña Celeste o Rita Jaguar no son secundarios sino protagonistas de su propia historia.   En Los hermanos de la costa, Juan Bolea reúne las dos grandes líneas estructurales de la novela policíaca: la sutileza intelectual que permite al autor abordar una perspectiva única respecto al acontecimiento relatado, y la competencia entre su ingenio y el del lector. Con el uso inteligente de todo ello el autor ha construido una obra interesante, amena y apropiada tanto para aficionados al género como para todo tipo de lectores. 

Juan Bolea utiliza los recursos propios de la narración detectivesca para crear un universo particular y diferenciado que es, al mismo tiempo, representativo de la sociedad contemporánea, sus conflictos y sus valores. Bolscan, Portocristo, la Piedra de la Ballena, La Forca del Diablo y la Isla del Ángel, es decir, los lugares en los que trascurre la novela, constituyen un espacio geográfico, moral e intelectual muy coherente que el lector reconocerá en todos sus aspectos. El escenario norteño, brumoso y umbrío creado por el autor corresponde con exactitud al carácter de los personajes y a la clase de acontecimientos que relata. En este ámbito, las peripecias descritas no sólo son posibles o lógicas sino que casi parecen necesarias. La sensación de que los hechos ocurren porque deben ocurrir es la que dota de verosimilitud a todo texto literario y la que el lector busca, consciente o inconscientemente, en toda ficción y de modo muy especial en una obra de intriga. Juan Bolea lo ha conseguido con aparente facilidad, gracias a una extraordinaria técnica para describir paisajes exteriores y psicológicos dotados de gran plasticidad.

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