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Memorias de un jinete, cartas a Carlos. Juan Soto Climent

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Descripción

Memorias de un jinete, cartas a Carlos. Soto Climent, Juan

Editorial: Alcance 1998

Rústica editorial ilustrada. Contiene láminas fuera de texto. 17x23 centímetros. 303 páginas. Estado de conservación: señales de uso normal.

"Si como reza un conocido adagio: "Toda revolución fue primero el pensamiento de un hombre", se pierde en el tiempo quien fue el primero que usó el estribo. Parece que fue en China donde alguien, cansado quizá de subir al caballo desde el suelo, sin ningún punto de apoyo, se le ocurrió utilizar por primera vez el estribo, seguramente no le daría importancia a su invento, y sin embargo había descubierto un aditamento imprescindible para la práctica de la equitación.

De aquel estribo primitivo, quizá sólo uno, que se empezó a utilizar antes de nuestra era, hasta hoy, son infinitos los modelos surgidos en los diferentes países, pero como te digo, todos imprescindibles tanto en la guerra como en la paz. ¿Cómo, si no, podría valerse el arquero para disparar sus flechas desde el caballo sin un punto de apoyo para sus pies?. El arte ha intervenido en la construcción del estribo, y así, además de emplear materiales valiosos como la plata y el oro, hay modelos de valor incalculable. Te puedo citar: El que se encuentra en la Armería Real de Madrid del siglo XIV y atribuido al rey Don Jaime el Conquistador; en el Museo de Artillería de París existe uno del siglo XVI, etc.

Por otro lado, las distintas formas responden, a veces, a las necesidades del jinete de reservar sus pies de los peligros a que pudiera verse sometido, así creemos que nace el estribo vaquero. En Grecia se usa un estribo que lleva incorporada la espuela, y hay otro, árabe, que termina en puntas, que hacen también las veces de espuela.

Me llamó la atención cuando vi actuar en Jerez a la Escuela de Equitación de Viena, que cuando los jinetes practicaban los saltos de escuela, no usaban estribos, sin embargo, el pie se mantenía paralelo al suelo y al cuerpo del caballo, como si los llevara. Tan perfecta era su colocación, que quizá mucha gente no se diera cuenta del detalle. Esto lo hacían para evitar el feo efecto que supondría perder el estribo en algún salto. Ya sabes que la frase "perder los estribos" significa perder la serenidad y la compostura."

"Memorias de un jinete, Cartas a Carlos." de JUAN SOTO CLIMENT.

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